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Historias Imposibles: Las Barbas de Marx

Historias Imposibles: Las Barbas de Marx

Fecha: 02 Sep 2010 12:42pm

Autor: Marco Antonio González Pérez

Eran las dos de la tarde de un sábado de verano mientras me encontraba paseando en el Cerro de Santa Lucía cuando empezaba a sentirme triste, pues finalizaban mis vacaciones de diez días en la magnífica ciudad de Santiago de Chile.

Aproveché la generosa sombra que un árbol proyectaba sobre una banca y me senté ahí para leer un poco. Inmerso en esa actividad estaba cuando de manera imprevista un hombre de aspecto andrajoso con larga y tupida barba se puso en cuclillas delante de mí; agarró con fuerza las solapas de mi saco y me espetó una serie de palabras que, en un primer momento, me resultaron incomprensibles. Como la acción del sujeto me había tomado por sorpresa, reaccioné ante él de una forma agresiva. Lo separé de mí con un empujón seco que lo lanzó de lleno a la arcilla que cubría el piso, me levanté de súbito y opté por apartarme, pensando que podría ser un asaltante. El individuo de barba grisácea se incorporó y me siguió unos metros, mientras me lanzaba algunos gritos que apenas pude comprender.

Me llamó la atención que en sus alocados alaridos mencionara a Carlos Marx. Busqué una banca ubicada a una distancia prudente y me dediqué, por varios minutos, a espiar sus movimientos. El hombre objeto de mis observaciones tendría unos sesenta años, complexión robusta y estatura media. Su cabello y barba entrecanos estaban bastante crecidos y su aspecto era, sin lugar a dudas, el de un limosnero.

Noté que el hombre harapiento se les iba encima a las personas que pasaban por su jurisdicción y que casi todos los interceptados actuaban de forma similar a la mía. Algunos corrían y otros lo encaraban o de plano lo insultaban. Me llamó la atención que en cada una de sus frustradas conversaciones, intentara mostrar algo que traía en una bolsita de plástico transparente.

Si bien a primera vista el comportamiento del sujeto parecía agresivo, observándolo con cuidado, no resultaba violento, así que me dirigí hacia él intentando ser amable y con el propósito de invitarlo a comer, ya que especulé que su nerviosismo podría ser, más que una evidencia de locura, el pernicioso efecto de la falta de alimento.

No notó mi presencia cuando le dije:

“Hola hermano, soy de México, ¿podemos platicar?”

Quizás se sintió asombrado de que al fin alguien se le acercara con el propósito de conversar y tranquilamente me respondió:

“Sí, sí de México, ¿cómo, no? La tierra de Diego, Siquerios, Frida Kahlo. ¡Charlemos un poco!”

Mi hipótesis del hambre era equivocada, ya que, en un principio, no aceptó ir conmigo a restaurante alguno y, en cambio, me sugirió ir a la Piojera a tomar un poco de vino. Así que caminamos por la vereda del río Mapocho y nos adentramos en el negocio buscado.

Resultó que mi acompañante –quien se tomó conmigo varias botellas de pipeño y se fumó mis cigarros- respondía al nombre de Cayetano Olivos, natural de Iquique, 62 años, economista titulado por la Universidad de Chile, funcionario en el primer gobierno de Salvador Allende y en la actualidad vagabundo.

- ¿Qué es lo que tiene usted en esas bolsitas de plástico Cayetano? Indagué intrigado.

- Ah… ¿éstas?… Son algunas barbas de Carlos Marx.

Este hombre está completamente loco. Debe estar traumado por la violencia política de la dictadura de Pinochet, pensé.

- Ah…y un poco de su alimento, también. Apuntó mientras sonreía.

- ¿Cómo puede usted asegurar que esos pelos que están ahí dentro fueron propiedad del mismísimo Carlos Marx? Le dije de manera provocadora.

La historia que Cayetano me narró con lujo de detalles es sorprendente y debo confesar que nunca me esperé recibir de ese singular personaje una trama tan reveladora.

Ocurrió que en el verano de 1972, Cayetano Olivos se trasladó a Inglaterra, becado por el gobierno de su país, para estudiar un doctorado en economía, en la London School of Economics and Political Sciences. Sin embargo, el verdadero interés del estudiante chileno no estribaba en obtener el grado académico en esa prestigiada institución, sino en llevar a cabo un proyecto personal que le obsesionaba: ir al Museo Británico a revisar los documentos fuente que Carlos Marx utilizó para redactar su magna obra “El Capital”. Cayetano, además, pretendía recrear las vivencias londinenses del pensador alemán.

Una vez en Londres, se trasladó al majestuoso edificio del Museo Británico de Bloomsbury Street y solicitó las ediciones originales de varios títulos que formaron parte de la bibliografía revisada por Marx. Una vez requeridos los tomos, el encargado de la biblioteca le advirtió que necesitaría de al menos dos semanas para conseguir esos ejemplares, ya que se hallaban confinados en un área de conservación fuera de la ciudad.

Mientras eso ocurría, mi amigo chileno abandonó el hostal que ocupó por cinco días en el barrio de Brentford y alquiló un pequeño estudio en el número 24 de Dean Street, en el Soho, a solo dos edificios de la deteriorada vivienda que habitó Marx y que viera morir, en condiciones de extrema pobreza, a tres de sus hijos. El becario pasaba tardes enteras paseando por los barrios obreros de la capital de Inglaterra, meditando sobre cómo podría haber sido la vida de las familias proletarias en la segunda mitad del siglo XIX.

Tres semanas y media después de iniciada la gestión, los libros solicitados llegaron, por fin, al Museo Británico. Cayetano me confió que su primera sorpresa fue saber que la mayoría de esos títulos habían estado embodegados desde hacía más de 100 años y que, desde que fueron utilizados por Marx, pocos despistados volvieron a solicitar los ejemplares para revisarlos en la sala de lectura del museo. “¿Qué le parece amigo Marco, los documentos fuente que ocupó el más grande pensador de todos los tiempos, no volvieron a ser utilizados por investigadores o historiadores?. ¡Ni siquiera para ver si lo que se decía en los escritos era cierto. Eso es algo increíble!”,  me comentó sorprendido mi interlocutor.

También me confió que cuando emocionado desempacó, de uno de sus envoltorios, un tomo de David Hume empezó a percibir que sus manos se le enfriaban. Pensó entonces que su estado psicológico le estaba afectando el tacto. Olivos se dio cuenta de que el encargado de la biblioteca se divertía viendo sus reacciones y pasado un minuto éste le informó que las publicaciones en el depósito se sometían a un tratamiento especial de conservación a base de nitrógeno, lo que reducía su temperatura mientras se hallaban en la bolsa. “Qué bueno que me lo dijo, porque pensé que el espíritu rebelde de Hume se estaba desprendiendo del libro o que, de plano, ya me estaba volviendo loco”, señaló mientras reía a carcajadas.

Para hacer más intensa la recreación de la vida de Marx en Londres, el estudiante Olivos no sólo decidió dejarse crecer voluntariamente la barba e involuntariamente el estómago, –a consecuencia de los varios litros de cerveza irlandesa que ingería de manera disciplinada en los pubs de su barrio- sino que se mudó a un departamento que quedaba enfrente del segundo domicilio que el padre del comunismo tuvo en la capital británica, en el número 9 de Grafton Terrace en Kentish Town. En esa época se daba el tiempo de visitar con frecuencia la tumba de su ídolo intelectual, en el hermoso cementerio de Highgate.

Olivos me señaló: “Marco, huevón, imagínate que ya borracho me iba caminando al panteón para hablar con Marx. Cuando el golpe, esa misma noche, hablé con él en inglés, en alemán, en español ¡pucha! hasta en coa. Marx me aseguró que la juventud revolucionaria chilena iba a enfrentarse al facineroso y que lo iban a sacar a patadas del poder…Se tardaron un poco, ¿eh?, pero lo lograron”.

Comencé a sentir que el exceso de vino ya estaba haciendo mella en nuestros sentidos con el efecto que le es característico y que se hace más severo cuando no se ha probado bocado por varias horas, así que ordenamos, en calidad de urgente, dos órdenes de pernil de cerdo con papas que reanimaron nuestras embotadas neuronas.

Mi interlocutor me siguió compartiendo su experiencia londinense. Acudía todos los días al Gran Atrio para revisar, en la misma mesa 7 que siempre ocupó el intelectual alemán, los libros requeridos y de forma similar a la de su inspirador, el estudiante sudamericano pasaba más de 10 horas al día leyendo y tomando notas. Haciendo mas lenta su narración y en un tono de voz bajo, mi acompañante expresó: “Pronto me percaté de un hecho que llamó mi atención y que constituyó un descubrimiento para mí y fue que entre las páginas de los libros había residuos de alimento que provenían, según deduje días después, de los emparedados que Marx se despachaba a escondidas del personal de la biblioteca. Abundaban migajas, pero también pedacitos de lo que parecía ser jamón o algún otro embutido seco. Pronto establecí la hipótesis de que si había encontrado alimento, sería posible hallar pelos de su larga barba”.

Aunque la idea sonara extravagante, la hipótesis no era producto de pura corazonada ya que Olivos había revisado varios libros biográficos del pensador comunista y sabía que éste padeció de forúnculos, que nunca fueron curados debido a que su adicción al tabaco repelió todos los tratamientos médicos. “Los forúnculos son horribles supuraciones de la piel generadas por un estreptococo. Dan harta comezón y producen un dolor insoportable. Marx tenía la manía de rascarse la barba por esa dolencia”. Me indicó, muy docto, Cayetano.

Cual avezado sabueso, el estudiante de economía, buscó los pelos dentro de las costuras de los libros encuadernados. “Poco a poco los fui encontrando, no sin dificultad, ya que al ser tan ligeros se vieron depositados en el lomo o entre los pequeños dobleces que hay entre hoja y hoja. Los fui recogiendo con una pinzas para depilar y los deposité en pequeñas bolsitas, las cuales, desde entonces, mantengo en refrigeración”.

La historia que narraba mi nuevo amigo me parecía cada vez más surrealista y extravagante, pero la trama no paró allí. Destapamos otro par de botellas y entonces me confío que en un primer momento no sabía qué hacer con esos vellos: “Los cuidaba como si fueran plantas en germinación, los visitaba todas las noches. Tenía no sé qué extraña sensación al saber que las barbas de Carlos Marx estaban dentro de mi refrigerador. La verdad es que quizás pienses que soy un loco, pero los pelos me acompañaban en mis peores momentos de soledad y desesperanza”.

Días después del golpe de Estado de Augusto Pinochet, él y otros estudiantes latinoamericanos convocaron a una reunión de profesores y estudiantes de las universidades de Londres para informar sobre la situación política en Chile. En esa junta, llevada a cabo en un local del Partido Laborista, Cayetano conoció al doctor John Gurdon quien era investigador del Laboratorio de Biología Molecular de la Universidad de Cambridge. Mi amigo recordó: “Gurdon era un hombre que escuchaba mucho y hablaba poco, pero cuando lo hacía mostraba una enjundia impactante. Realmente estaba indignado por el asesinato de Allende y la intromisión asquerosa de la CIA. Me dio su tarjeta y me pidió que lo buscara unas semanas después para hacer una evaluación de los acontecimientos”.

Afectado moral y psicológicamente por la descomposición social y política en su país, el becario decidió concentrarse en su investigación sobre las fuentes bibliográficas de Marx y de forma ocasional recogía más pelos en sus sesiones de trabajo en la sala de lectura.

Una mañana, casi tres años después de la felonía pinochetista, mientras se preparaba el desayuno, vio en la televisión un programa científico de la BBC en la que John Gurdon hablaba sobre investigación genética. Se quedó estupefacto al saber que el protagonista del programa, y conocido suyo, había podido clonar con éxito algunas ranas africanas.

Olivos me dijo emocionado: “Salí volado de mi departamento y tomé el tren a Cambridge donde pude platicar con el profesor Gurdon. Primero me recibió en su oficina, pero al verme tan emocionado y con un discurso deshilvanado, me invitó un té en el comedor del Instituto. Escuchó intrigado mi historia sobre las barbas de Marx, las cuales estuvo observando repetidamente a trasluz mientras concluía mi charla”.

El biólogo británico (quien, por cierto, 24 años después asesoraría a Ian Wilmut en la clonación de la oveja Dolly) reflexionó con Cayetano sobre la importancia de las muestras obtenidas en los libros antiguos y señaló que evidentemente no era lo mismo clonar ranas que seres humanos y que, hasta ese momento, en ninguna parte del mundo se contaba con la tecnología para desarrollar un ser humano idéntico a partir de una célula somática. “Mi querido Cayetano”, le dijo muy serio el científico inglés, “será necesario tener paciencia y esperar que la ciencia madure para estar en condiciones de lograr una clonación exitosa. Me parece que tu propuesta, como proyecto de investigación, tiene importantes consecuencias científicas, históricas y políticas. Te pido que me des la mayor cantidad de muestras para tenerlas en condiciones adecuadas para su futura reproducción”.

Eran las tres de la mañana cuando Olivos me confió que tenía sentimientos de culpa ya que consideraba un error haber dejado en el Laboratorio de Cambridge más del 80 % de los pelos que había recolectado. Me dijo en tono triste “A ese gallo no lo volví a ver jamás, ya que se pasó una buena temporada en el Caltech en Estados Unidos y en otras universidades europeas. Estuve buscándolo de forma insistente por tres años, pero mis mensajes nunca recibieron respuesta. Días antes de mi regreso a América, me presenté en su laboratorio a reclamar los pelos que decía tener guardados y que, indirectamente, me pertenecían. Los guardias del laboratorio me tuvieron que sacar a la fuerza del lugar, ya que me puse a abrir, como poseído, los refrigeradores como respuesta a las risas que provoqué en el personal del laboratorio. Me dieron trato de loco. Se burlaron de mí”.

A finales de 1979, el economista chileno dejó Inglaterra y, gracias a la recomendación de un compañero suyo del doctorado y amigo muy cercano de Sergio Ramírez, se incorporó como asesor de los sandinistas. Su experiencia pasó de la absoluta confianza en los ideales del nuevo socialismo centroamericano a la total decepción en el proyecto orteguista. En 1990 y desalentado por repetidos fracasos en su vida personal, profesional y académica,  tomó la decisión de regresar de forma definitiva a su patria, con el triunfo del candidato presidencial conservador Patricio Aylwin.

“Cuando volví a Chile” reflexionó conmovido mi interlocutor “era como estar en un país extranjero. Por ningún lado hallé la solidaridad y el orgullo de ser parte de un mismo pueblo. Ya no encontré esa necesidad de participar en las luchas de los sectores más desprotegidos. Muy poco quedó del proyecto cultural de la Unidad Popular y la memoria colectiva de Salvador Allende quedó, tristemente, distorsionada”.

El choque entre la conservadora realidad y la idealización del socialismo chileno, la insatisfacción por los procesos políticos de cambio social en los que participó en Nicaragua, mas su afición por el vino y la cerveza llevaron a Cayetano Olivos a optar por vivir alejado de la sociedad y hacer que todo Santiago fuera su casa.

Estaba yo soñando con Salvador Allende cuando un meneo me despertó de súbito. Escuché a mi amigo decir “Marco, hermano, ya vámonos. Hay que pagar. Pero antes te voy a hacer un favor. Dame 300 dólares y te doy todas las barbas de Carlos Marx que me quedan. Tú les puedes dar mejor destino. Yo ya estoy viejo y a lo mejor un día de estos no amanezco”.

Estuvimos negociando por escasos dos o tres minutos y le di 200 dólares por los últimos pelos sobrevivientes del revolucionario más importante que haya existido en la historia de la humanidad. Aún con la borrachera encima, y lo aturdido que estaba, entendí a Cayetano, y al tener la bolsita en mis manos comencé a experimentar ese sentimiento de tener alguien a quien cuidar.

Recuperé la conciencia gracias al insistente timbre del teléfono. Contesté y una voz grave retumbó en mi cerebro: “Señor son las 9 de la mañana y su avión parte al mediodía”. Me metí tembloroso a la regadera y ni el agua helada pudo detener las agresivas pulsaciones cerebrales que me generaba la resaca. Salí mojado y a medio vestir. Mi mochila traía un pantalón de fuera. Me aseguré que los pelos estuvieran bajo buen resguardo.

Al pagar la cuenta el encargado del hotel me dio una carta. “Se lo trajo un vagabundo borracho que tenía mal aspecto y peor olor”, me dijo. Tomé un taxi que, motivado por mi insistente exigencia, manejó a gran velocidad hasta llegar al aeropuerto. Al llegar al mostrador tuve suerte, toda vez que me permitieron abordar el avión gracias a que, por descuido, los maleteros habían dejado olvidada una gran cantidad de equipaje en tierra.

Dormí varias horas sin interrupción en la aeronave y me supongo que mi tufillo etílico ahuyentó a una rubia muy guapa que al inicio del vuelo estaba sentada junto a mí. Me despertó la aeromoza anunciando la cena, misma que experimenté como una auténtica epifanía.

Me sirvieron una taza de café y aproveché el momento para leer la carta que venía escrita con una caligrafía excelente que evidenciaba un pulso firme. “Camarada Marco. En aras de continuar con esta amistad que recién sembramos, debo confesarte algo: los pelos que te vendí no sirven para nada, ya que, aunque pertenecen a Carlos Marx, son los que he llevado por años al parque, por lo que deben estar podridos. Te los puedes quedar como un lindo recuerdo.

Me apena haberte dado gato por liebre, así que para enmendar mi error te dejo una bolsita que contiene muestras que han estado en refrigeración. Este material sí es viable de ser reproducido. Te pido continuar con nuestro proyecto común, ya ahora sólo conservo las migajas y trozos de jamón de los emparedados.

Por cierto, te devuelvo 50 dólares que son mi contribución por el pipeño, la cena y los cigarros que alegremente compartimos.

Afectuosamente,

Cayetano Olivos”.

Dos días después de haber llegado de mi viaje, me apersoné en el Instituto de Ciencias Genómicas de la UNAM. Ahí me entrevisté con el Dr. Camilo Lozada, quien dubitativo escuchaba con atención mi historia. A media explicación expresó con dureza: “usted me está cotorreando, ¿verdad?”. Me sobrepuse a su gesto incrédulo y seguí hasta completar la narración de lo que me había sucedió en Santiago.

El científico universitario se tomó unos minutos de reflexión silenciosa mientras observaba con curiosidad la bolsita y palabras mas, palabras menos, me dijo lo siguiente: “Si como usted dice los pelos se conservaron dentro de libros, aún en condiciones de excelente refrigeración, el papel funciona como secante y, con toda seguridad, el material es inservible. Por otra parte, en el remoto caso de que se pudiera lograr una clonación humana, se requeriría de cientos o miles de muestras de material genético para lograr una sola reproducción exitosa y, por lo que veo, aquí dentro habrá 15 o 20 pelos. Experimentalmente es imposible lograr una clonación”.

Me sentía decepcionado y mi molestia iba en aumento por lo que me decía el inclemente investigador. Pensé retirarme de inmediato e ir buscar una segunda opinión que fuera similar a la del Dr. Gurdon, pero la reflexión del doctor Lozada continuó: “Nada nos asegura que las barbas que dice tener hayan sido propiedad de Carlos Marx. Pueden ser de un bibliotecario, de un estudiante, de su amigo chileno o de cualquier persona que haya manipulado los libros. La única forma de saber si fueron de Marx es contrastando la información de ADN de los pelos con otro material genético de su pertenencia, lo cual es imposible”. Iba a darle las gracias al escéptico investigador cuando me hizo una pregunta que aun me hace reflexionar y que en su momento no la pude contestar: “Oiga, pero me surge una curiosidad ¿y para qué diablos quiere clonar a Carlos Marx?”.

Tengo las barbas de Marx en mi refrigerador. Las cuido como semillas en germinación y las paso a visitar casi a diario. Me siento orgulloso, dado mi pasado revolucionario, de presentarlas ante mis visitantes como queridos miembros de mi familia y, aunque me tachen de loco y murmuren a mis espaldas, he de confesar que en momentos de desaliento y de incertidumbre políticos les he pedido consejo y consuelo. Al igual que el revolucionario chileno Cayetano Olivos y el biólogo inglés John Gurdon esperaré, lo que haya que esperar, a que la ciencia, algún día, evolucione.

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Poemas:

Poemas: “Ausencias”

Fecha: 02 Sep 2010 9:37am

Por José Antonio Cruz

Amargo taste circunda la lengua varada en la habitación fantasmal donde rosa la memoria y los recuerdos bastardos se ahogan

Lo acepto si titubeos cobardes el absurdo pasajero, sorbo a sorbo los mezcales y el humo nuevo se hace añícos

Cómo núbil beato las putas contemplo mi madre se avergüenza en escalada lacaniana

Las cosas pasan, pasa todo gafa obscura, ebrios filosóficos con grasa excesa, la cerveza aromático vómito, la voz más purahonesta y el llanto inevitable

Al fondo el danzón, un pleito de foto en francés, mi anhelo vestal deseo ineludible ser perfecto patán y ser el más airoso

El futbol conmueve sigue presente en este barrio perfecto el hambre no se arrepiente, sucio jodido retumba en la mesa vecina carga un pequeño bulto lacatante a estragos añora un lastímero peso aburrido paisaje cotidiano de la siempre perfecta y escondida vieja colonia

Mi empeño infantil incrustado en la punta del pie tras dos y más certeros impactos que hacen pedazos y más pedazos por qué no decirlo mi estúpido estúpido, estúpido corazón

De ser el judas, caín o un bruto es preciso intervenir de curador las mieles negras del infame sinsabor

Gusto imbécil de rimar, es animal apaleado por la siempre mujer con juicio hipótesis conocido resultado

Directo al primigesto abismo una y otra vez con ojos ciegos la añoranza en digamos Ella me arrojo gustoso

Verborréica noble intención no transitoria casi pingüinesca heróica siempre mutilada por la actitud más ruin y despreciable

Violentamente sucia húmeda sin detracto y orgullosa es dueña consolante al pensarla de solo a momentos de solo a minutos

Voz súbita ritmo mambo grita: ¡otro tequila flaco! Y conmovedoramente la respuesta es si! Que remedio consuelo infitnito beber del mismo vaso

Félix Candela y la arquitectura paraboloide hiperbólica.

Félix Candela y la arquitectura paraboloide hiperbólica.

Fecha: 01 Sep 2010 12:19pm

Por Mike Murguía – También publicado en su blog: http://sitioaureo.blogspot.com/

Alguna vez has observado la geodésica forma del Palacio de los Deportes y pensado a quién se le pudo ocurrir esta forma tan extraña pero bastante atractiva para todo aquel que la ve por primera vez. Félix Candela es el autor de esta obra, quien desarrollo un método innovador el cual es bastante notorio en toda la obra de este autor.

Desarrolló la estructura en forma de paraguas cuadrado de cemento con el canal de defogue de agua de lluvia en la columna central, que proliferan por  gasolineras o en  cualquier espacio que requiera de una cubierta ligera, barata, resistente y que ocupe poco espacio en el suelo.

Candela es una de las figuras fundamentales de la arquitectura del siglo XX en cuanto al desarrollo de nuevas formas estructurales de hormigón armado se refiere, por algunos ha sido mencionado como el “Mago de los cascarones de concreto“. Él afirmaba que el hormigón armado no solo era muy similar al material de los cascarones naturales, sino que tiene la ventaja adicional de poder resistir esfuerzos de tracción.

Dos obras por Candela estacan por ser importantes para él, incluso en las que se su propuesta es bastante innovadora: La “Iglesia de la Virgen de la Medalla Milagrosa” (1953)La planta embotelladora de Bacardi y CIA (1958)

En la iglesia Candela consideraba que era la única al 100% suya y en donde pudo experimentar nuevas cubiertas ligeras en este templo. Candela levanta sobre una planta tradicional de tres naves, con capillas laterales y una capilla anexa, una estructura espectacular e innovadora que recuerdan en una primera impresión las catedrales góticas que expresan un sentido de ascensión por medio de su estructura.

La compañía Bacardi le encarga a Candela la construcción de su planta embotelladora en Tultitlán, Estado de México. Él ya había trabajado para esta empresa en 1954 construyendo la destiladora de “La Galarza” en Puebla, con los arquitectos  Hector Mestre y Manuel de la Colina.

También proyectó, junto a Enrique Castañeda y Antonio Peyrí, el Palacio de los Deportes para los Juegos Olímpicos de México de 1968.

Sin duda Félix Candela ha dejado una huella bastante visible, y que podemos observar en cualquier caminata que hagamos por esta ciudad, ya sea en Coyoacán, Xochimilco, en las estaciones del metro Candelaría, San Lázaro, Merced, Universidad por mencionar algunas. Este arquitecto ha creado construcciones que tal vez han estado en nuestra imaginación y hacer visibles. Es un genio que dió el  paso de imaginable a lo real.

Hasta la Fecha de Eduardo Gil @ Museo de Arte Carrilo Gil

Hasta la Fecha de Eduardo Gil @ Museo de Arte Carrilo Gil

Fecha: 01 Sep 2010 10:51am

Sergei Bruyukhonenko creó, a principios de siglo, una máquina con nombre futurista: Autojektor. El artilugio imitaba las funciones de los pulmones y bombeaba sangre como lo haría un corazón real. En 1928 mostró ante la audiencia estupefacta, una cabeza de perro amputada quirúrgicamente; pero la gracia del miembro fragmentado no recaía en su disección o maltrecho aspecto, sino en su voluntad de reaccionar a estímulos externos, gracias al traqueteo del Autojektor.

Aunque la historia es verídica, el infeliz de Bruyukhonenko parece más un personaje de ficción que un pionero de la medicina moderna. Como el Dr. Bill Cortner —protagonista de la delirante película de los sesenta El Cerebro que no quería morir— el médico ruso fue desterrado del campo de la medicina para reinar en el Olimpo del youtube. A diferencia de la inconsciente cabeza perruna, el ficticio Dr.Cortner nos presenta una mollera femenina, con completo conocimiento de su apariencia maltrecha. Ese cuerpo fragmentado fruto de la ficción de serie B, súmun tecnológico de un Autoyecktor futuro, sería solo una de las tantas metáforas de la época para describir los fenómenos culturales donde el cuerpo devenía en objeto de fabricación, de manipulación o de consumo. Un cuerpo abatido como espacio de experimentación y metamorfosis, conejillo de indias para la maquina social desarrollada por las estructuras de poder.

En el proyecto de Eduardo Gil, el cuerpo fragmentado y reconstituido con la máquina se presenta como el resultado de una práctica productiva llevada al extremo, una consecuencia lógica de la estructura social capitalista. En este nuevo mundo que plantea Gil, el efecto Pigmalión, aquel que se nutre de las expectativas ajenas, nace de una desconfianza sistemática. Una carencia que se ha acrecentado con el paso del tiempo, siguiendo una irreverente génesis darwiniana. Las expectativas hacia el “otro” se han reducido al cumplimiento de un servicio, como si de un programa operativo se tratase.

Lo que en un momento fue un cuerpo íntegro, se ha reducido a la mínima expresión; un mamotreto rodante que se desliza por el pavimento cual aspiradora. La cabeza es lo único que sigue intacto, consciente de su insalvable necesidad de existencia. Este robot futurista ha aprendido a hacer algo indigno, repugnante pero que, al mismo tiempo, proporciona una función operativa: abrillantar los pisos de la institución, cualquiera que ésta sea. Esta lengua salivosa se desliza como un felpudo, cola transgénica de un intelecto vacío que no tiene capacidad de habla. En este enlace simbiótico, las facultades de la máquina habrían sobrepasado las del humano, heredándole por defecto un incansable sentido de la limpieza y un sistema de estímulo respuesta con la misma estructura de un softweare.

El advenimiento de esta máquina humana nos permite situar el lugar que ocupa el cuerpo hoy en día: La ruptura apolínea de las formas corporales se encuentra racionalizada por el espíritu de la máquina mercantilista. A este punto futuro, se habrá demostrado lo ya sabido: la tecnología es esencial al sistema de explotación capitalista. Marx vaticinó que llegaría el momento en que la clase obrera no tendría nada que perder, habría tocado fondo, habría perdido todo territorio y todo código y estaría en la nada… pero entonces daría el todo por el todo y la revolución sería posible. Sin embargo, este obrero chupóptero ha encontrado otro tipo de felicidad. En este nuevo campo social los individuos solo responden a un deseo de de producción represiva en lugar de un deseo revolucionario por cambiar su estatus.

El subconsciente de estas cabezas rodantes, si es que todavía lo tienen, ha aniquilado la posibilidad de producir deseos que no estén vinculados a un sistema económico de producción. Y aunque sigue siendo una máquina deseante que produce y anhela sin parar, el deseo y su satisfacción está basado exclusivamente en succionar la inmundicia como única posibilidad. La posibilidad de mirar solo hacia el suelo para recoger la partícula desechada. Esta manufactura tecnológica del cuerpo y la desterritorialización del deseo como tal, parecen complementarse de manera bastante interesante en el experimento de Gil, cuestionando el dualismo cartesiano mente-cuerpo; proponiendo una suerte de indisolubilidad entre los dos términos al interior de la inmanencia del deseo y de sus conexiones maquínicas.

En el mismo escenario donde transitan las cabezas, varios monitores muestran una serie de personas con problemas de sordera, tratando de traducir, no sin esfuerzo, a un grupo de trabajadores mexicanos entrevistados por el artista. Como si fuera un espejo, ambos bandos están reproducidos en pantallas enfrentadas, dejando al espectador en medio, testigo invisible del supuesto diálogo.

La mayoría de los entrevistados desempeñan sus actividades en la calle, bien como empleados o con un negocio autónomo. Durante la entrevista, el artista les hace un test genérico: pregunta sobre su infancia, cuándo empezaron a trabajar, cómo han desempeñado su profesión y, para finalizar, cuáles son las expectativas laborales que tienen. Las preguntas de Eduardo han sido omitidas de la edición al más puro estilo Godardiano2. El artista dirige las conversaciones “secretamente”, aunque la espontaneidad sea constante en las respuestas. Los entrevistados parecen inmóviles, tomados desde muy cerca, casi sin fondo. Pero lejos de funcionar como si fueran retratos pictóricos, las imágenes recogen en una toma fija la trayectoria de una vida, en pocos minutos. El recuerdo de la infancia está cargado de penosas secuelas laborales. La frase “hasta la fecha” se repite sin parar. Su condición laboral les remite exclusivamente al presente, con pocas expectativas de futuro. Cada día, sus esfuerzos y ganancias solventan las necesidades básicas. Hasta la fecha se convierte en una sentencia que señala la resignación, pero también funciona como una frase heroica: El haber encontrado los caminos para subsistir a pesar de las penurias que bloquean el presente.

El sonido de las entrevistas ha sido cancelado. El grupo de sordos realiza la traducción leyendo los labios de estos individuos. Sin embargo, solo pueden rescatar algunas frases, nunca la totalidad del discurso. El acto de concentración es prodigioso, inclusive si los resultados son limitados. A la par que el grupo de sordos emplea su mejor voluntad y talento para traducir al oyente lo inaudible, éstos actúan también como metáfora de un filtro que distorsiona la transmisión. El tamiz que se crea funciona para representar la invisibilidad que los sujetos entrevistados tienen dentro del proyecto social gubernamental. Personas que, por su estatus social, han sido relegadas a una posición de silencio. Ni siquiera en pleno estado de concentración uno puede descifrar sus mensajes, contaminados con décadas de incomunicación endémica.

Mientras uno escucha con atención los monólogos descompuestos, las cabezas cercenadas, a unos metros de distancia, continúan limpiando el piso, al ritmo del ronroneo de la máquina que las sostiene y da vida al mismo tiempo. Con la cara volteada hacia el piso, el anodino espectáculo de sus nucas es la única evidencia. Privadas del habla y con la lengua “fuera”, la comunicación es, ahora, imposible.

Eduardo Gil Caracas, Venezuela, 1974. Trabaja en Nueva York Estudió Ingeniera Civil en la Universidad Metropolitana de Caracas, Venezuela. Es tenista profesional.

Hasta la Fecha Eduardo Gil Del 1º de septiembre al 28 de noviembre de 2010

Museo de Arte Carrillo Gil www.museodeartecarrillogil.com 55 50 62 60 55 50 39 83 ext. 108 y 109 Av. Revolución 1608 San Ángel 01000, México, D.F.

Mapas de Brazil desde la reimaginación de artistas venezolanos

Mapas de Brazil desde la reimaginación de artistas venezolanos

Fecha: 31 Aug 2010 7:15pm

Trece artistas plásticos venezolanos que han sido invitados a seleccionar e intervenir, de acuerdo a sus respectivos lenguajes, reproducciones de antiguos mapas y otros registros visuales de Brasil disponibles en Internet, inauguran una exposición multidisciplinaria del Instituto Cultural Brasil Venezuela en Caracas, Venezuela.

“Brasil reimaginado” es una exposición que propone un original ejercicio de reconocimiento de la vasta presencia de Brasil en el continente suramericano, En ella participarán los artistas Rodolfo Agrella, Valentina Álvarez, Waleska Belisario, Ricardo Benaim, Isabel Cisneros, Eddy Chacón, Ramsés Larzábal, Lourdes Peñaranda, Sandro Pequeno, Luis Romero, Ricardo Sanz, José Antonio Vásquez, Elsy Zavarce.

Invitados por el Instituto Cultural Brasil Venezuela, y con la curaduría de Guillermo Barrios, cada uno de los artistas emprenderá una labor de intervención gráfica sobre mapas antiguos, representaciones geográficas y joyas de la cartografía realizadas sobre el territorio brasileño desde los lejanos días del descubrimiento.

“Desde una nueva lejanía en el tiempo y en el espacio,, dice el curador de la exposición, nuestros artistas trabajan hoy esas antiguas representaciones , mapas , piezas originales, realizadas entre los siglos XV y XVIII, que a su vez fueron, en su mayoría, libérrimas recreaciones, hechas a distancia por eruditos cartógrafos y grabadistas europeos puestas al servicio del reconocimiento y comprensión del espacio continental del Nuevo Mundo. Esta exposición propone un excitante imaginario de reinterpretación de ese vasto territorio de papel.”.

La exposición está abierta al público desde el martes 31 de agosto.

A las 7:00 de la noche , y se mantendrá abierta al público en la sede del Instituto Cultural Brasil Venezuela. Av. San Felipe. Entre 1a y 2a Transversal. Qta. Degania. La Castellana Alta, Caracas.

¿Has Soñado Con Este Hombre?

¿Has Soñado Con Este Hombre?

Fecha: 30 Aug 2010 3:42pm

Por Pit Rocks!

Cuenta la historia que en el año 2006, una señora le dibujó a su psiquiatra el rostro de un hombre que se aparecía en sus sueños de manera muy constante dándole consejos acerca de su vida personal, y que además, ella jamás había conocido a esa persona en su vida. El dibujo quedó olvidado en el consultorio del psiquiatra; hasta que un paciente lo reconoció y dijo que esa persona también aparecia en sus sueños frecuentemente, y tampoco lo conocía.

El psiquiatra mandó el dibujo a sus colegas para hacer la prueba, y saber si las personas que ellos trataban con sueños recurrentes reconocían el retrato. Después de algunos meses, cuatro personas reconocieron a la persona del dibujo. Desde ese enero del 2006 en que la señora dibujara el retrato, al menos dos mil personas en todo el mundo han reconocido haber soñado con el sujeto en cuestión.

Hasta la fecha no se tiene información de alguna persona parecida o el motivo del por qué tanta gente sueña con él. ¿Ustedes que creen que sea? Les dejo la liga de la página oficial para que puedan leer los testimonios, la historia, o por qué no? Bajar el clásico “Se Busca” en su idioma preferido.

La Castañeda: Imágenes de la locura,100 años después @ MAF

La Castañeda: Imágenes de la locura,100 años después @ MAF

Fecha: 26 Aug 2010 10:28am

Del  6  de  agosto al  14 de noviembre el Museo Archivo de la  Fotografía exhibe  La Castañeda. Imágenes de la locura 100 años después,  provenientes  de  las colecciones  de la Fototeca del Instituto Nacional de Antropología e Historia,  el Archivo Manuel Ramos y particulares.

De acuerdo con el boletín emitido por la Secretaría de Cultura del Distrito Federal: “Esta exposición está formada por narraciones visuales de la vida cotidiana de los más de 70 mil internos que habitaron en el imponente Manicomio General, conocido popularmente como La Castañeda, que se ubicaba en el pueblo de Mixcoac. Algunos de los internos permanecían ahí por unos cuantos días, pero otros murieron en el encierro”.

En coincidencia,  la escritora Cristina Rivera Garza  presentó el libro  La Castañeda  (Tusquets, 2010), y en entrevista   con  el diario Milenio (3 de agosto de  2010)  declaró: “… nuestros locos  nos  enseñan  nuestros extremos y nos enseñan  los mecnaismos de nuestros demonios, porque nuestros locos nos  ponen siempre  en posición  hacia nuestro propio abismo”.

Un poco antes el reportero  Jesús Alejo  cita a la escritora en referencia a los internos de La Castañeda: “Contribuyeron  a no dejar  de lado, en nuestras  historias  nacionales y colectivas, la realidad del cuerpo. Por eso, no es tanto  que reflejen lo de afuera, sino que trajeron todo el debate social  y lo concentraron  en esto que es la  historia del  cuerpo, del cuerpo en  crisis: del  cuerpo, la mente  y su ruptura… fueron sus internos  quienes  nos mostraron los miedo s y los límites  de la primera mitad  del  sigloXX: del proyetco renovador de Profirio Díaz  a los demonios que salieron  de ahí durante  seis décadas”.

Lugar: Museo Archivo de la Fotografía. República de Guatemala 34, Centro Histórico, Delegación Cuauhtémoc, Ciudad de  México. Horarios de visita: de martes a domingo de 10:00 a 18:00 hrs. Entrada libre.

UVA : Unidad de Vinculación Artística del CCU Tlatelolco // Una morada de Artes

UVA : Unidad de Vinculación Artística del CCU Tlatelolco // Una morada de Artes

Fecha: 25 Aug 2010 11:44am

Compartimos la carta que publica Ignacio Plá, Coordinador de la UVA. en el sitio web de la misma:

Abrir una escuela de formación y producción libre de artes en el corazón de Tlatelolco, en el momento histórico, político y cultural tan crítico como el que está viviendo México en estos días, es un acto extraordinario digno de celebrarse.

La Unidad de Vinculación Artística (UVA), surge en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco de la UNAM, como una propuesta educativa destinada a la práctica y la creación interdisciplinaria, a través de un programa de calidad conformado por una diversidad de talleres libres, cursos especiales, conferencias y seminarios; algunos en colaboración con otras instituciones y colectivos.

El espacio y sus cursos, dirigidos a niños, jóvenes y adultos, busca ser una opción cultural tanto para los habitantes de la unidad habitacional de Nonoalco-Tlatelolco y las colonias aledañas, como para alumnos de distintas zonas de la ciudad interesados en complementar con maestros-facilitadores de excelencia su formación artística. Así, tratamos de tejer redes y consolidar vínculos entre los distintos sectores sociales alrededor del arte y la cultura contemporánea: hacer posible la acción creativa, el diálogo, el intercambio y la integración entre disciplinas artísticas, en un lugar donde lo otro pueda encontrarse, dignificarse y construirse. Una escuela donde se reconozca la calidad y fuerza de los saberes propios, la riqueza de la diversidad cultural y de las experiencias individuales y colectivas.

Inaugurar la UVA, amplía la labor cultural y de compromiso social emprendida por la UNAM que hoy celebra 100 años de existencia y más de tres años del centro en esta emblemática zona norte de la Ciudad de México. Nos parece fundamental para construir nuevas formas de pensamiento y formas de ejercicio de la libertad, a través de la expresión artística como alternativa de elevación de la calidad de vida y herramienta de cambio social accesible para todos. Bienvenidos a la UVA.

Dir. Ignacio Plá, Coordinador de la UVA.

CICLO O

INSCRIPCIONES / DEL 9 AL 3 DE SEPTIEMBRE INICIO DE CURSOS / 6 DE SEPTIEMBRE FIN DE CURSOS / 29 DE ENERO PERIODO VACACIONAL / 5 DE DICIEMBRE AL 9 DE ENERO

Requisitos: Acta de nacimiento o identificación oficial. Dos fotografías infantiles. Firmar carta compromiso (menores de 13 años). Cubrir cuota de recuperación por curso INFÓRMATE de los requisitos de cada taller. DESCUENTOS 50%, Estudiantes, maestros, trabajadores de la UNAM, INAPAM, IMSS e ISSSTE y residentes de la Unidad Habitacional Nonoalco-Tlatelolco (presentar comprobante de domicilio).

EL COSTO SEÑALADO DE CADA TALLER ES POR CUATRIMESTRE. OTROS DESCUENTOS: Pregunta por los paquetes en caso de tomar más de un taller.

Gigantes Eléctricos

Gigantes Eléctricos

Fecha: 24 Aug 2010 12:47pm

Si hay algo que arruina un paisaje fácilmente son las torres de alta tención, pero a los arquitectos de Choi + Shine han trasformado a las mundanas torres en estatuas gigantes sólo con pequeñas variaciones en la estructura. Estas torres  se pueden ir organizando sus posiciones o sus expresiones para ir contando pequeñas historias entre estos gigantes.

Una buena solución para hacer que estas torres pasen a aportar al paisaje y darle un toque de magia a este mundo.

Un Laberinto de Miradas reunidas en el CCE México // Exposición

Un Laberinto de Miradas reunidas en el CCE México // Exposición

Fecha: 23 Aug 2010 1:20pm

Foto: Los Insanos

Laberinto de miradas es un proyecto expositivo y editorial de Casa América Catalunya y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, AECID.

El proyecto se compone de tres exposiciones itinerantes que presentan miradas cruzadas de autores que trabajan en el ámbito documental en América Latina, España y Portugal, comprometidos con temas de contenido social.

La fotografía documental ha servido, tradicionalmente, como herramienta de denuncia de los conflictos y las injusticias que azotan a nuestra sociedad. En la actualidad, la imagen ha tomado un papel predominante en nuestra cultura. Paradójicamente, esta imagen fotográfica se ha trivializado y cada vez es más difícil acceder a trabajos que generen reflexión. Los medios de comunicación han entrado en una espiral en la que el morbo y la violencia tienen un papel predominante. A su vez, la cultura del espectáculo ha asumido las imágenes más escabrosas como propias, y este proceso ha ido alejando cada vez más al espectador de la realidad que se denuncia, inmunizándolo a consecuencia de esta saturación.

Ante esta situación, los fotógrafos documentalistas se enfrentan a la necesidad de generar nuevos modelos de representación, capaces de destacar sus imágenes entre millones.

FRICCIONES Y CONFLICTOS EN IBEROAMÉRICA

Los proyectos seleccionados para esta muestra abordanproblemáticas de violencia en el seno de la comunidad iberoamericana, configurando así un itinerario imaginario que incide en esta realidad desde una perspectiva autoral.

Fricciones y Conflictos en Iberoamérica forma parte de un proyecto de tres exposiciones itinerantes, que recorrerán -durante tres años- más de 20 países de América y Europa, presentando miradas cruzadas de autores que trabajan en el ámbito documental en América Latina, España y Portugal, comprometidos con temas de contenido social. El eje central de la propuesta es presentar las exhibiciones y organizar talleres y actividades en torno a ellas, conformando un proyecto de red entre los países receptores.

Identidades y fronteras en Iberoamérica -primera exposición de Laberinto de Miradas- se inauguró el 3 de julio de 2008 en el Centro Cultural de España en México, y ya ha itinerado por más de 10 países.

Fricciones y conflictos en Iberoamérica se presentó el 7 de octubre en el Centro Cultural de España en Lima, Perú, y, tras 8 itinerancias, llega a Montevideo en diciembre de 2009.

Colectivos de fotografía en Iberoamérica -la tercera y última- fue inaugurada el día 10 de diciembre en la Galería Olido en San Pablo, Brasil.

Las exposiciones han viajado por más de 20 países. A partir de julio pasado se han reunido todas las muestras en México y se dará inicio a la itinerancia más grande de fotografía documental Iberoamericana realizada hasta la fecha.

Lugar: Centro Cultural de España en México

Guatemala 18 (detrás de Catedral) Centro Histórico. Martes a sábado de 10 a 23 hs. Domingo de 10 a 16 hrs.

Lunes cerrado. Entrada libre todos los días y a todas las actividades.